Entrevista a Simone Mello – (Brasil)

Simone Mello/Foto: Martín Alatrista (Cusco -Perú)

ENCUENTRO Y RELACIÓN CON LA DANZA

¿Qué habrá sido primero?, quiero decir ¿Si yo conocí a la danza, o la danza me conoció a mi? Mi madre cuenta que a los 3 años yo bailaba. Mi memoria es pésima, y esa característica mia me ha causado problemas en mi camino de danzarina. Sí, porque la memoria del cuerpo es algo muy importante en la vida en general y en la práctica de la danza. Lo que sí recuerdo claramente es que danzo desde niña hasta ahora que tengo 47 años y deseo continuar, incluso en medio de ésta ¡pandemia!. Los maestros del butoh dicen que todos bailamos desde el útero de nuestras madres, en las aguas emocionales, donde se desarrolla nuestro cuerpo.

Desde temprano, éste cuerpo bailarín se negó a hacer muchas cosas; mi conjunto de huesos no quería aprender a tocar el piano de mi madre, tampoco le gustaban los deportes de mi padre y los juegos con pelotas. El disgusto por la militarización del cuerpo me hacía escapar de las clases de educación física convenciendo a mis maestros que me dieran permiso para investigar el movimiento de la danza con mis compañeros de clase.

Nací en Santos, una ciudad de mar y puerto donde aprendí a nadar desde muy pequeña y quizás de éste placer emergieron mis metáforas más constantes para hablar y pensar la danza. La danza puede ser como navegar en un océano de experiencias; donde puedes sambullirte, sumergirte, estando siempre en permanente fluctuación. Las mareas altas y bajas se asemejan a la vida del artista, las olas son como el afecto que damos y recibimos, el golpe de las aguas testimonio de las grandes obras, y las rocas son los maestros y sus ensenãnzas. En mar abierto conocemos la cartografía, y vamos componiendo constelaciones. Sí, porque después de vivir 10 años yendo y viniendo de Perú, mi danza ganó dimensiones subterraneas y se influenció del espíritu arqueológico y antropológico. La danza para mi fue desde siempre un deanbular sin fin, donde el cuerpo se va mestizando por donde viaja.

Entré por la puerta de la escuela de la danza y nunca más salí. La escuela penetró las memorias de mi cuerpo. Hasta mis 15 años conocí distintas maestras y técnicas. Odiava la técnica pero idolatraba mis maestras. Entre ellas tuve dos muy especiales, una para alimentar mi cisne, que luego fracasó y otra para alimentar mi cabaré. Me quedé con el cabaré …. mi danza siempre tuvo sabor de taberna, me sentía como las bailarinas de Degas, Toulouse Lautrec y mi cuarto era mi ¡Moulin Rouge!

En mi formacion practiqué lo que estaba a mano, pagado por mis padres, recibiendo clases permanentes de muchas horas semanales, de ballet, zapateo, jazz, danza moderna, flamenco. Más tarde me dí cuenta que no conocía nada de las danzas de Brasil, pero ésta exploración quedó para mi fase adulta.

La vocación es algo que hay que alimentar y mis padres me nutrieron de todas las condiciones para beber de ésta fuente. Pero al mismo tiempo que la escuela de danza me educó, yo devoré (a manera antropofágica de mi país) un mundo bastante artístico, por lo que mis interseses incluian pintar, dibujar, leer cuentos, poesía, biografías, escuchar música de todas partes, jugar a ser directora y actriz de teatro y cine…prendía las luces de mi discoteca (en mi habitación) y sudaba hasta caer agotada en una especie de extasis creador-infantil. Pero la pertenencia al contexto de las escuelas y grupos, con sus ensayos, espectáculos, exigencias técnicas y jerarquías, los juicios de valor, las audiciones, entrevistas, me hicieron buscar la Antí-Técnica y así cuando hoy alguien me pregunta qué técnica practico, enseño o comparto, respondo: ¡ninguna!

Fue en la vida misma, en el cotidiano de los encuentros casuales con amigos artistas que he probado el gusto en explorar mi baile personal e intransferible. Ya adulta conocí los caminos sublimes del Butoh, influenciándome de los maestros referentes como; Hijikata Tatsumi, Min Tanaka y Tadashi Endo. Iluminaron el camino de las sombras. Otras marcantes influencias nutrieron y movilizaron mi trabajo artístico – performatico: La Ribot, Pina Baush, Decouflet. Sin contar los ídolos de otros campos, Camille Claudel, Rodin, Artaud, Deleuze, Serres, Mishima, Helio Oiticica, Caetano Veloso, Buarque, una lista infinita de afectos y pasiones.

No entiendo muy bien por qué tanta atención destinada a la técnica – la danza es mucho más que la técnica en sí misma. Quizás la técnica sea el terreno que dá base a los primeros pasos, que nos permite catalogarnos en el mercado profesional. Pero el renovarse y actualizarse para mantenernos en este oficio con nuestra llama encendida, es algo más complejo y desafiante que el manejo de una técnica, considero que es un acto de devoción y entrega que responde a un llamado.

Me siento convocada a seguir con éste contrato íntimo que yo misma pacté aún de niña con la divinidad de la danza, porque para mí es divino este arte, que me ha dado el regalo de amar algo profunda y obstinadamente en ésta vida. Mi cuerpo de niña se convirtio en una mujer que danza una misteriosa mistura de todo lo que ha conocido y que insiste en no ser nombrado, tampoco catalogado, porque a mi cuerpo que danza le gusta ser aventurero, libre y no dócil, salvaje y no sometido.

Los humanos que bailan celebran la vida y la muerte como los antepasados en las cavernas pre históricas y nos recuerdan que nuestros cuerpos cargan un rastro genético de un saber primordial, que sigue reencarnado en la danza de los seres inquietos que se disponen a escuchar el soplo de una fuerza mayor y sabia. Y para no dejar de citar un gran poeta y músico brasileño, Tom Jobim: el resto es mar… es todo lo que no sé contar

La danza para mí es fluctuación en alta mar y campo de batalla en tierra donde florecen indagaciones y protestas. El cuerpo que danza es el regalo de la metamorfosis, poesia-encarnada. ¡Danzemos! ¡No dejemos de danzar!

 

Texto extraído de la entrevista a Simone Mello en Mayo, 2020. El contenido de éste texto ha sido aprobado por Simone Mello. Adaptación a formato narrativo -Layne Romero.

 

 

Simone Mello/Foto: Martín Alatrista (Cusco -Perú)

 

Simone Mello/Foto: Martín Alatrista (Cusco -Perú)

 

   

 

 

SIMONE MELLO – Bailarina y Directora del Cuerpo Fluctuante (Brasil-Peru) “Laboratorios Creativos para la Investigación de la Danza y Butoh”. Con Maestría en Danza por Universidad Federal de Bahía. Especialización en Estudios Contemporáneos del Cuerpo-Programa de Post-Grado en Danza (UFBA). Con Licenciatura en Danza por la Universidad Paulista de Artes. Creadora y directora del ”I y II Encuentro Internacional Danza Infinita Y Residencia Butoh”,(Cusco 2015/16). Co-directora de Cuerpo a Cuerpo – Festival Internacional de Danza de Cusco (2019). Tiene artículos publicados en las revistas; Fluir (Mexico), Ephemera (UFOP-Brasil),Luli – Papeles en movimiento (Bolivia), Guia de Arte de Lima e Infoartes (Perú).cuerpofluctuante@gmail.com

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